No es oro todo lo que reluce en los teléfonos baratos de Xiaomi. El bloatware se les ha ido de las manos, y cada vez es más preocupante

Recomendar un Xiaomi económico se está empezando a volver algo peligroso, sobre todo por la cantidad de apps que vienen instaladas y no queremos

Daniel Vega

Editor

Hubo una época, no hace tanto, en la que recomendar un móvil barato era casi automático. Si alguien preguntaba, acababa saliendo algún Xiaomi, normalmente un Redmi Note dado que la relación calidad precio era una locura y es que, lejos de ser perfectos, ofrecían mucho por lo que costaban y, con alguna oferta puntual, se convertían en auténticos chollos. Y sí, es cierto que el software nunca fue su punto fuerte comparado con sus hermanos mayores, pero se podía convivir con ello.

El problema es que esa balanza se ha ido desequilibrando con el tiempo, ya que hoy no hablamos solo de “alguna app de más”, sino de una sensación constante de saturación nada más encender el teléfono. Que un fabricante incluya sus propias aplicaciones es lógico, pero que el sistema venga inflado a base de acuerdos con terceros empieza a cansar y, en el caso de los modelos de Xiaomi, especialmente en sus gamas medias, esa práctica ya no pasa desapercibida aunque podamos ir eliminando lo que no usemos para dejarlo todo a nuestro gusto.

El precio a pagar por comprarse un móvil barato

Xiaomi lleva años separando claramente sus líneas de producto: los modelos más aspiracionales por un lado y los Redmi y POCO para quien busca gastar lo justo. Esa estrategia tiene sentido, pero el enfoque en software empieza a chirriar ya que en estos modelos más asequibles no solo se acumulan apps propias, muchas duplicando funciones de las de Google, sino también una larga lista de aplicaciones de terceros que el usuario no ha pedido y que forman parte de un acuerdo comercial por el que la marca saca ingresos extra pudiendo ofrecer así dispositivos más económicos. 

Sólo una pequeña muestra de todo el bloatware que tiene el Redmi Note 15 Pro+ 5G

Por ejemplo, en uno de los últimos modelos como el Redmi Note 15 Pro+ esa sensación se multiplica. Durante la configuración inicial ya aparecen sugerencias para instalar más software, pero incluso rechazándolas, el sistema arranca con un cajón de aplicaciones abarrotado: juegos, tiendas, redes sociales y servicios que jamás usaremos están ahí desde el primer minuto. No es algo puntual ni anecdótico: es una acumulación constante que da la impresión de que el móvil se ha diseñado más para promocionar apps que para ofrecer una experiencia limpia.

Todo ese exceso acaba teniendo consecuencias. Muchas de esas aplicaciones siguen activas en segundo plano, generando avisos, recomendaciones y notificaciones que enturbian el uso diario, por lo que al final acabamos teniendo una capa de personalización saturadísima que, dicho sea de paso, podemos ir modificado a nuestro gusto desinstalado estos servicios pero, que tengamos que hacerlo nosotros manualmente, la verdad es que no es lo más cómodo del mundo.

Xiaomi permite desinstalar bastante bloatware, pero no todo, y dejar el teléfono realmente fino requiere tiempo, paciencia y conocimientos. Hablamos de un móvil que ronda los 500 euros, un precio en el que uno espera una experiencia más cuidada desde el inicio y sí, entendemos que haya apps preinstaladas para cuadrar márgenes, pero cuando el software eclipsa al propio sistema, algo no se está haciendo bien, por lo que esperamos de verdad que de cara a los próximos lanzamientos de la compañía esto se pueda ir corrigiendo poco a poco. 

Vía | Xataka Móvil

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