Vamos a hablar de la atenuación PWM, una tecnología que incluso los móviles más baratos de Xiaomi ya empiezan a incorporar
Las pantallas de los móviles llevan años evolucionando a un ritmo brutal, aunque no todas las mejoras hacen el mismo ruido. La llegada de los 120 Hz fue muy vistosa y fácil de explicar: todo se mueve más fluido y el sistema se siente más rápido pero otras, como el aumento de la tasa de muestreo táctil, han ido llegando en silencio, pero al final también acaban marcando la diferencia cuando interactuamos con el panel aunque prácticamente no nos demos cuenta.
Ahora hay otra tecnología que empieza a democratizarse de verdad y que merece ser explicada para que todos podamos comprenderla: la atenuación PWM. Y no es casualidad que los nuevos Redmi Note 15 la incluyan en todos sus modelos, incluso en los más baratos porque, si bien la fluidez está muy bien, de poco sirve si el panel acaba castigando nuestra vista tras varias horas de uso, y eso es precisamente a lo que viene atacar esta atenuación.
¿Qué es la atenuación PWM y por qué importa tanto?
Para entender qué es el PWM (Pulse-Width Modulation o modulación por ancho de pulso), primero hay que saber cómo se regula el brillo de una pantalla. En un mundo ideal, todo funcionaría con señales analógicas, donde el voltaje puede variar de forma progresiva entre un 0% y un 100%, ajustando el brillo con muchísima precisión. El problema es que este tipo de control es más caro y menos eficiente, así que en móviles lo habitual es usar controladores digitales, donde solo existen dos estados: encendido y apagado.
Aquí es donde entra en juego el PWM. Si una pantalla solo puede encenderse o apagarse, la forma de reducir el brillo no es bajar la “intensidad”, sino alternar esos estados a gran velocidad. Por ejemplo, para mostrar un 50% de brillo, el panel permanece encendido la mitad del tiempo y apagado la otra mitad. Este porcentaje se conoce como ciclo de trabajo, y cuanto más tiempo está encendido el panel dentro de cada ciclo, mayor es el brillo percibido.
El problema aparece especialmente en las pantallas OLED, que son las más comunes a día de hoy en prácticamente cualquier gama en la que nos encontremos. Aquí no hay una retroiluminación general, sino millones de subpíxeles encendiéndose y apagándose de forma individual por lo que, si esa frecuencia de encendido y apagado es baja, pueden aparecer parpadeos invisibles a simple vista, pero muy reales para nuestros ojos provocando cansancio, dolor de cabeza o fatiga visual tras un uso prolongado.
La solución es sencilla en concepto, aunque no tanto en implementación: aumentar la frecuencia del PWM ya que, cuanto más alta es, menos perceptible resulta ese parpadeo. Muchas marcas ya vienen apostando muy fuerte por esta tecnología con cifras de hasta 2160 Hz, muy lejos de los 180 o 240 Hz que eran habituales hace no tanto, y de hecho la familia de los Redmi Note 15 ya han logrado democratizarlo todo ofreciendo 3840 Hz a un precio que baja de los 200 euros en el modelo más económico.
En definitiva, estamos ante una de esas revoluciones silenciosas que no se anuncian a bombo y platillo, pero que marcan la diferencia en el día a día. Que tecnologías como el PWM de alta frecuencia empiecen a llegar a móviles más asequibles es una gran noticia y es que, aunque puede que no sea algo que se note al primer vistazo, tus ojos lo agradecerán con el paso del tiempo y eso, al final, es beneficioso para todos nosotros.
En Mundo Xiaomi | Me encanta que Xiaomi siga montando en sus nuevos teléfonos una función desterrada de los móviles como son los infrarrojos
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