Durante años, WhatsApp fue el ejemplo perfecto de aplicación que crecía sin necesidad de exprimir al usuario, es decir, nada de anuncios, nada de historias patrocinadas, nada de formatos raros ni cosas de las que preocuparnos a la hora de usar la app. De hecho, esta hacía exactamente lo que prometía: mandar y recibir mensajes, punto. Esa idea, defendida a capa y espada por sus creadores, fue una de las claves de su éxito, pero parece que ha acabado siendo una bomba de relojería a largo plazo.
Porque mantener el servicio de mensajería más usado del mundo no es barato, y mucho menos cuando forma parte de una empresa como Meta, donde cada producto tiene que justificar su existencia con números. Y ahí es donde empieza a cobrar sentido el último movimiento que se está preparando: pagar para no ver anuncios en WhatsApp, y tiene pinta de que todos vamos a tener que pasar por el aro si queremos la experiencia completa con la app.
WhatsApp quiere cobrar por eliminar la publicidad
Según una información reciente basada en líneas de código ya detectadas, WhatsApp estaría trabajando en una suscripción mensual que permitiría eliminar los anuncios en Estados y Canales. No hablamos de publicidad dentro de los chats privados —esa frontera sigue intacta—, sino de las zonas más visibles y “sociales” de la app, justo donde la monetización lleva tiempo asomando la cabeza así que, si bien no es la mejor noticia del mundo, al menos los chats no se van a ver afectados a corto plazo.
Curiosamente, esto no es algo completamente nuevo. Antes de convertirse en gratuita, WhatsApp ya tuvo un modelo de pago: una pequeña suscripción anual que rondaba los 89 céntimos y que muchos recordarán con cierta nostalgia. La gran diferencia es que entonces pagábamos por usar el servicio; ahora pagaríamos para librarnos de la publicidad, un cambio bastante significativo y que puede llegar a marcar el futuro de cómo usamos la app si deciden seguir por ese camino.
Cuando Facebook compró WhatsApp en 2014 por una cifra cercana a los 19.000 millones de dólares, la app apenas generaba ingresos. Años después, varios análisis apuntaban a que solo se había recuperado una pequeña parte de esa inversión, por lo que ni siquiera WhatsApp Business ha sido suficiente para compensar el coste brutal de mantener la infraestructura global y eso, evidentemene, se va a acabar repercutiendo de una manera u otra.
Todo esto explica por qué la publicidad era un destino casi inevitable. De hecho, ya en 2018 se hablaba abiertamente de ello, una decisión que acabó provocando la salida de los fundadores originales, entre ellos Jan Koum. Hoy, WhatsApp parece haber asumido la nueva normalidad de las plataformas digitales: o aceptas anuncios, o pagas por una experiencia más limpia algo que, nos guste o no, encaja bastante bien con el rumbo que llevan todas las grandes apps que usamos a día de hoy.
Imagen de portada | Creada con IA
Vía | Xataka Móvil
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