
Xiaomi prueba a su robot con piezas flexibles, movimientos coordinados y trabajos prolongados dentro de su fábrica de coches.
Localizar una pestaña sin verla, corregir una pieza que se ha quedado enganchada o cambiar el agarre sin soltarla son movimientos sencillos para un trabajador con experiencia. En una fábrica, sin embargo, reproducirlos con un robot exige combinar sensibilidad en los dedos, coordinación de los brazos, equilibrio corporal y capacidad para reaccionar ante situaciones que no siempre se repiten de la misma manera.
Xiaomi está utilizando precisamente este tipo de operaciones para medir hasta dónde puede llegar su CyberOne dentro de una planta de automóviles. Después de comenzar en marzo colocando tuercas autorroscantes con un 90,2% de éxito durante tres horas seguidas, el sistema ha elevado ese porcentaje hasta el 98%, a solo un punto del nivel de calidad conseguido mediante trabajo manual. Ahora ha pasado a dos tareas más complejas, en las que ya ronda el 90%.
De las piezas metálicas rígidas a componentes que se deforman
Una de las pruebas se desarrolla en la zona logística del taller de montaje y consiste en ordenar las cubiertas laterales de la consola central y es que, en este caso, el robot debe escoger el panel solicitado dentro de un contenedor de tres filas y depositarlo en el compartimento correcto de un carro situado enfrente. El tamaño, la geometría irregular y la flexibilidad de estas piezas complican considerablemente una operación que exige repetir movimientos durante periodos prolongados.
Cuando el panel se encuentra en el extremo más alejado del contenedor, el robot utiliza gran parte de las articulaciones de su cuerpo para alcanzarlo sin perder la estabilidad. Después puede coordinar las dos manos y recolocar la pieza entre sus dedos antes de introducirla en el estante, ya que una pequeña desviación en el agarre puede provocar un error considerable en la posición final.
Los sensores instalados en las manos también permiten detectar la fuerza ejercida al entrar en contacto con el entorno. Xiaomi ha desarrollado un sistema de control flexible que ajusta el movimiento cuando la cubierta se engancha, se dobla o encuentra resistencia durante la colocación por lo que, de esta forma, el robot intenta corregir la trayectoria y terminar la operación en lugar de detenerse ante la primera anomalía.
La segunda función se centra en plegar y recuperar las cajas utilizadas para transportar componentes por la fábrica. El robot tiene que introducir los dedos en las anillas de apertura, liberar los cierres y coordinar ambos brazos para doblar sucesivamente las distintas caras y, una vez haya terminado el proceso, puede apilar varias cajas, empujarlas hasta la zona asignada y sincronizar sus movimientos con otras unidades que trabajan en el mismo puesto.
El sistema todavía necesita girar la caja para colocar delante de sus manos el cierre de la segunda cara. Un trabajador experimentado puede encontrar esa anilla mediante el tacto y abrirla sin mirar, por lo que Xiaomi pretende mejorar las próximas versiones de sus manos biomiméticas para eliminar este movimiento adicional. Mientras continúan las pruebas, la instalación mantiene un mecanismo de control remoto que permite a un operario intervenir cuando aparece una situación peligrosa o un fallo que el robot no puede resolver por sí solo.
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