Que aparezca el icono del rayo en la pantalla no significa necesariamente que el móvil esté recuperando batería. En muchos coches con algunos años, el teléfono reconoce la corriente del puerto USB, pero recibe tan poca energía que el porcentaje apenas se mueve durante todo el trayecto y eso, si queremos llegar a nuestro destino con un 100% de batería, pues son muy malas noticias.
La diferencia se vuelve todavía más evidente al encender la pantalla, activar la ubicación y utilizar Google Maps, Waze u otra aplicación de navegación. Todo funciona con normalidad hasta que la batería comienza a bajar pese a llevar el cable conectado y ojo, porque no suele ser un fallo del teléfono: el verdadero límite está en el sistema eléctrico que se esconde detrás de ese conector USB que llevamos en el coche.
El problema está en lo que el coche esperaba de aquel USB
Los primeros puertos USB instalados en los salpicaderos no pretendían sustituir al cargador doméstico. Llegaron como una extensión del equipo de música, permitiendo acceder a las canciones guardadas en un pendrive y controlar la reproducción desde la radio, por lo que alimentar un smartphone era una posibilidad secundaria, no la función para la que habían sido dimensionados.
Un puerto USB 2.0 convencional podía quedarse en 5 voltios y 500 mA, equivalentes a una potencia de apenas 2,5 W. Esa cifra puede resultar inferior al consumo del propio móvil cuando mantiene encendidos la pantalla, el GPS y la conexión de datos, y es por eso por lo que algunos teléfonos cargan muy despacio, conservan el mismo porcentaje o directamente continúan perdiendo batería.
Con el tiempo llegaron conexiones preparadas específicamente para cargar, capaces de trabajar con más intensidad, además de puertos USB-C y sistemas compatibles con mayores potencias. Sin embargo, ni el aspecto del conector ni la presencia de Android Auto garantizan una carga rápida. También influye el cable, que debe ser de calidad, estar en buen estado y admitir tanto datos como la corriente necesaria, para lo que Google recomienda que no supere aproximadamente un metro para utilizar Android Auto con fiabilidad.
La toma de 12 V es la salida más sencilla
En los coches afectados, la mejor alternativa suele estar justo al lado: la antigua toma de mechero, utilizada actualmente como conexión eléctrica de 12 V. Un adaptador apropiado puede transformarla en uno o varios puertos de carga rápida, evitando la limitación del USB multimedia. Conviene escogerlo con USB-C, al menos una segunda salida y compatibilidad con los protocolos que utiliza el teléfono.
Dentro del catálogo de Xiaomi aparece el Xiaomi 67W Car Charger, pensado precisamente para aprovechar esta toma. Su USB-C puede alcanzar 67 W cuando funciona por separado, mientras que el USB-A ofrece hasta 18 W y, al conectar dos dispositivos, la potencia conjunta máxima es de 55 W. También incluye un cable USB-C de un metro y protecciones contra sobrecorriente, cortocircuitos, sobretensión y exceso de temperatura.
No todos los móviles admitirán los 67 W, ya que la velocidad final depende del modelo, del protocolo y del cable empleado. Aun así, incluso trabajando por debajo de su potencia máxima, un cargador conectado a la toma de 12 V puede marcar una diferencia enorme frente al USB antiguo del coche y evitar que el teléfono llegue sin batería después de varias horas utilizando el navegador.
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