A día de hoy a mucha gente le sigue sorprendiendo que podamos rozar con los dedos el conector USB-C de un cargador enchufado sin recibir una descarga. Al fin y al cabo, el adaptador está conectado directamente a una instalación doméstica que en España trabaja a unos 230 voltios, mientras que en el otro extremo queda una pieza metálica aparentemente expuesta pero, a pesar de ello, podemos tocarla sin miedo a que nos suelte una descarga.
Y sí, la explicación está dentro del propio cargador. Su función no consiste únicamente en suministrar energía al teléfono, sino en transformar la electricidad de la vivienda antes de enviarla por el cable y es que, de hecho, la Comisión Europea describe estos adaptadores como fuentes de alimentación capaces de convertir los 230 voltios de la red en una salida mucho menor, habitualmente situada entre 5 y 20 voltios.
La corriente del enchufe no llega directamente al cable
En el interior del adaptador hay una fuente de alimentación con una zona primaria, conectada a la red, y otra secundaria, encargada de alimentar el móvil. Entre ambas existe una barrera de aislamiento diseñada para que la parte de alta tensión no pueda alcanzar el puerto USB ni el extremo metálico del cable en condiciones normales de uso.
Por eso, al tocar el conector no se están rozando los 230 voltios de la toma de corriente, sino una salida de baja tensión y corriente continua. Los cargadores convencionales parten normalmente de 5 voltios, aunque protocolos como el USB Power Delivery permiten negociar tensiones superiores cuando el teléfono y el adaptador son compatibles.
A esta reducción se suma la resistencia eléctrica de la propia piel, especialmente cuando está seca. Con una tensión tan baja, la corriente que podría atravesar superficialmente el cuerpo es demasiado pequeña para provocar una descarga peligrosa y, en la mayoría de los casos, ni siquiera llega a producir una sensación apreciable.
El hormigueo puede proceder de una corriente de fuga
El pequeño cosquilleo que aparece en algunos cargadores o dispositivos con carcasa metálica suele tener otro origen. Los componentes utilizados para filtrar interferencias pueden permitir el paso de una corriente alterna diminuta entre los dos lados del adaptador, sin que eso signifique que la tensión de la red esté llegando directamente al usuario. Las normas de seguridad para equipos electrónicos, como la IEC 62368-1, establecen precisamente barreras frente a las fuentes de energía capaces de causar dolor, lesiones o incendios.
La situación deja de ser normal cuando el hormigueo es intenso, el cargador se calienta demasiado, aparecen chispas, la carcasa está abierta o el cable tiene partes peladas. Un aislamiento deficiente puede acercar peligrosamente los circuitos de entrada y salida, algo detectado en cargadores retirados del mercado y en numerosas imitaciones de baja calidad. Ante grietas, marcas de quemado, clavijas sueltas o cables dañados, lo recomendable es desconectarlo y sustituirlo por un modelo de procedencia fiable y con marcado CE.
Vía | Xataka Móvil
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