Hay un elemento del móvil que no ha evolucionado a la misma velocidad que otros como la cámara o la pantalla: la batería. Y es que seguimos viendo smartphones con baterías de 5.000 mAh que duran un día y hay que ponerlos a cargar por la noche. Pero poco a poco eso está cambiando.
Y es que la revolución, o más bien evolución, se escribe con dos palabras: Silicio-carbono. Xiaomi lo sabe, y lo está usando ya igual que otras marcas. Y que las firmas del sector del móvil compitan nos viene bien sobre todo a nosotros, a los usuarios.
Más capacidad en menos espacio: el secreto de las baterías de silicio-carbono
Hace unos años, tener más capacidad de batería en el móvil significaba que la propia batería era de mayor tamaño y por tanto incidía en las dimensiones y peso del smartphone. Hoy día, Xiaomi ha logrado que sus nuevos REDMI Note 15 tengan baterías de casi 7.000 mAh en un cuerpo de apenas 7,35 mm de anchura. Y se avecina más, porque los 'leaksters' hablan de que el REDMI K90 Ultra implementará una batería de 10.000 mAh en un cuerpo de apenas 8,5mm.
¿Cómo lo hacen para meter más capacidad en un espacio menor? El secreto es el material: La mayoría de los smartphones actuales siguen utilizando baterías de ion-litio con ánodos -donde se alojan los iones- de grafito. Su uso prolongado desde hace años ha dejado patente lo bien que nos ha funcionado el grafito:
- Es estable
- Relativamente barato
- No se expande mucho durante la carga
- Es seguro para un uso diario intensivo.
¿El problema? Que esta tecnología ha alcanzado un techo en cuanto a desarrollo, y no permite un margen mayor de mejora que las capacidades actuales. Ahí es donde entra el silicio-carbono.
En teoría y sobre el papel, el silicio puede almacenar casi 10 veces más litio por gramo que el grafito. Y aunque no hablamos de que la batería se vuelva de repente diez veces más grande que las actuales, brinda una mayor densidad energética, lo que permite aumentar la potencia y capacidad usando el mismo espacio.
Por qué el silicio debe mezclarse con el carbono
El silicio se expande drásticamente cuando absorbe litio. En condiciones de laboratorio, puede hincharse hasta un 300 % según este estudio de la web Neware. Esto deja claro que el silicio por sí solo no es un buen ánodo para una batería. Pero si lo mezclas con carbono, que actúa como estructura estabilizadora del proceso, creas un ánodo de silicio-carbono (Si-C).
El carbono sirve para mantener las partículas de silicio equilibradas y en el proceso absorbe parte de la tensión causada por la expansión. El resultado es una batería que ofrece una mayor capacidad que las celdas tradicionales basadas en grafito, al tiempo que se mantiene lo suficientemente estable estructuralmente para el uso diario.
El resultado es una mejora incremental en lugar de un rediseño radical. Pero lo incremental es suficiente cuando el objetivo es exprimir capacidad extra en el mismo espacio. Así es como los teléfonos están superando ahora los umbrales de 7000 mAh y 8000 mAh sin superar los 8 mm de grosor
Por descontado, la tecnología del silicio-carbono es muy nueva y por tanto tiene mucho margen de mejora, pero ya deja patente que su densidad energética permite que haya más vatios/hora por milímetro cúbico que en una batería de ion-litio. No es una revolución, pero sí la evolución que pedíamos y necesitábamos.
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