Xiaomi ya vende más móviles que Apple: así es como ha pasado de ser una completa desconocida a la número dos a nivel mundial

Finalmente, la manzana ha sido mordida y devorada hasta las semillas. Xiaomi ya es la número 2 (en distribución y ventas totales de smartphones a nivel mundial). Solo tiene a Samsung por delante. Y lo ha logrado en menos de una década: el próximo 16 de agosto se cumplen 10 años desde el primer Mi 1. Apple lleva casi 15 años en el mercado móvil. Samsung comenzó su andadura el 27 de abril de 2009.

Un puesto ganado no sin trastabillar un par de veces. Como recuerda Lei Jun en su carta de agradecimiento, la compañía ya acarició el podio en 2014, cuando pisaron el tercer puesto durante un único trimestre. La competencia los relegó a una quinta posición y, hasta el verano de 2016, Xiaomi no completó el renacimiento, su "revisión integral" como negocio. Durante el tercer trimestre de 2020 recuperaron el tercer puesto y ahora, segundo trimestre de 2021, se hacen con la plata.

La pregunta es ¿cómo lo han hecho? Analizamos los cuatro factores clave que han llevado a Xiaomi a esta privilegiada posición.

Factor 1: el lugar

Y comencemos por el lugar de origen de Lei Jun. El CEO y fundador de Xiaomi nació en Xiantao, ciudad al este de la provincia de Hubei, popular por alojar el dique más grande del planeta, la presa de las Tres Gargantas, un prodigio de la ingeniería civil de la que presumen siempre que surge la ocasión.

Xiantao es también hogar de industria metalurgia y corazón de algunas de más grandes gimnastas olímpicas del país. La exigencia no es un lema, sino una evidencia. Ya volveremos sobre esto pero conviene destacarlo dentro del relato: Xiaomi es, pese a la ganada relación con Estados Unidos, eminentemente asiática. Y no hay nada de malo en ello ni parece haber interferido a su expansión internacional.

Por cierto, la capital de Hubei es Wuhan. Con 12 millones de habitantes, Wuhan es la ciudad China más poblada de la región, el verdadero centro político, cultural y educativo del país. Desde el río Yangtsé, la arteria marítima de Wuhan, salen barcos para el resto del mundo.

Todas las principales industrias, desde la automoción, la óptica, hasta la fabricación de barcos, pasa por Wuhan, residencia de unas 10.000 empresas. La competitividad es efervescente. Sin embargo, tal y como mandan los cánones, Xiaomi alberga su centro neurálgico en Haidian, el distrito más ambicioso de todo Pekín.

Un vuelo de dos horas hacia el norte del país para alcanzar este análogo a Sillicon Valley donde compiten en igualdad de condiciones los mayores cerebros de Didi, Baidu, Lenovo, Sina Corp o ByteDance, la empresa fundadora de TikTok. Grandes industrias de la automoción, el cloud computing y la electromecánica conviviendo en uno de los tres puntos calientes del país en términos de ciencia y tech.

Y, desde allí, al resto de confines. Xiaomi ha sabido mover sus naipes: si bien en su hogar no lidera, sí lo hace en el segundo mercado clave, en India. Con una cuota de casi el 30%, su expansión por Asia lo ha convertido en el modelo a imitar. Y la mitad de sus ingresos procede del comercio internacional.

En la actualidad, Xiaomi ha ingresado "en más de 100 mercados extranjeros en todo el mundo" y es número 1 en doce mercados, como son el ruso o el español, bastión vital dentro de Europa.

Factor 2: modelo de negocio

En la citada carta el propio Lei Jun menciona un modelo, "Smartphone x AIoT". Dicho de otro modo: los smartphones son solo la puerta para entrar al hogar Xiaomi, un sólido ecosistema donde la compañía multiplica su beneficio.

O, como diría en una entrevista clave para South China Morning Post, "hemos creado este modelo de negocio al que denominamos tipping, basado en vender nuestro hardware con un margen de beneficio cero o muy bajo monetizando nuestros servicios complementarios".

Este mantra puede resumirse en un modelo de ingresos generacional: la familia Mi 11 dará el beneficio suficiente para la gestación de la familia Mi 12. Entretanto, el resto de servicios sustentan la riqueza de la economía.

Vamos a simplificarlo. Xiaomi construye sobre cuatro patas clave:

  1. Sus servicios de internet, desde hosting puro y duro hasta servicios comerciales como Xiaomi Cloud o Mi Music hasta la propia Mi Store.
  2. Derivado de lo anterior, su ecosistema IoT y lifestyle, coordinado desde Mi Home. Actualmente más de 300 millones de dispositivos están conectados a la red de Xiaomi. Scooters, televisores, altavoces bluetooth, baterías de carga, cámaras de seguridad, afeitadoras, cepillos de dientes... el listado es agotador.
  3. Su inmenso mapa de marcas colaboradoras, empresas patrocinadas, mecenazgos a través de Youpin, lo que garantiza pedigrí y constante suministro de tecnología punta a través de las cientos de células de I+D de cada empresa. Esto también faculta un constante suministro de componentes adicionales. Porque una antena no es nada sin su cargador y el cable que suministra la energía.
  4. ¿Qué queda? Ah, sí, los smartphones, esos teléfonos que han logrado elevarla hasta la segunda posición mundial —Xiaomi no contabiliza esos 300 millones de dispositivos conectados dentro del mercado móvil—. Un maremagnum de terminales nacidos gracias a la Xiaomi Smart Factory, la maquinaria de producción en masa con casi 60.000 metros cuadrados de espacio y capacidad para producir hasta 10 millones de móviles al año.

Factor 3: la comunidad

Y aún deberíamos hablar de un quinto elemento: la comunidad. Ella, casi autorregulada, lidera la propia promoción en redes.

La conversación popular propulsada por millones de clientes que también son fans y que comienzan haciéndose con un Poco F3 o un Redmi Note 10 —dos de los diez smartphones más vendidos de la compañía durante este 2021— y termina metiendo en casa sus muchas bombillas inteligentes o incluso ese paradigma de la practicidad que son los destornilladores Mijia.

En 2019, la marca contaba con más de 500 millones de usuarios activos. La Mi Community es una entidad viva, una donde se organizan "KDDs" a cada poco, donde profesionales de la fotografía son invitados a probar productos y donde se fomenta el debate, los concursos, los tutoriales y los podcasts sin filtros.

Esta es una mentalidad que actúa horizontalmente: los fans también facultan el FOMO tecnológico, ese apetito por no perderse nada, mientras un grupo de tocados por el varita mágica de Xiaomi disfrutan de accesos alfa y beta... todos esos canales de Telegram de los que hablamos diariamente, esos populares filtradores que transmiten cierta sensación de privilegio, ayudando a crear una demanda inconsciente.

Sumemos las ventas flash, los constantes festivales de descuentos y la gamificación a través de los Mi Points y ya lo tenemos: saber de Xiaomi es casi poseer un expertise extra en tecnología.

Por cierto, abrir las puertas de sus laboratorios también ha sido una decisión estratégica muy bien calculada. Por algo Spiderman coordinaba la publicación de sus propias fotos: mejor que seas tú mismo quién lidere el río informativo.

Factor 4: la filosofía

Por último, hemos tocado el precio garantizado mediante venta directa y una vasta red de tiendas licenciadas, hemos hablado del lugar a partir del cual desarrollar una maquinaria logística, de la promoción construida mediante una solida base de fans y del obvio pulso tecnológico, brindando productos de calidad que rompen con esa asociación entre "made in China" y "clon de mala calidad".

Pero todavía queda hablar un factor del que emporios como Marvel o Apple han creado escuela: un rostro y un lema. Lei Jun ha sido comparado con Steve Jobs por algo más que saber gesticular sobre el atrio. Sabe hablar de su marca, es una figura indivisible a ese logo MI de color naranja que tanto costó renovar. No es baladí: para nosotros puede parecer una nimiedad, para ellos es otra ocasión para reforzar un ideario. Su corpus filosófico.

En MundoXiaomi ya hemos hablado de Xiaomi como símbolo, de su narrativa como empresa y su valor dentro de un mercado tecnológico sin apenas márgenes para la innovación. Pero conviene matizar algo: siempre que existe la ocasión, Lei Jun nos recuerda quién es Xiaomi.

"Este viaje está destinado a ser árduo y dilatado, con más soledad que juerga, más tribulaciones que aplausos". Así cerraba Lei Jun su carta de celebración y agradecimiento a todos los empleados la nueva posición de Xiaomi: la número dos del mundo.Una frase que Elon Musk, Jeff Bezos o Steve Jobs jamás hubiese pronunciado. Una oración propia de la naturaleza de Jun, concentrado en el trabajo constante, demasiado ocupado para las galas y los vuelos ociosos.

Lei Jun sabe lo que es estudiar hasta tarde. Hizo la secundaria en Miangyang pero se graduó en Informática en la Universidad de Wuhan aprobando cuatro años de materias en apenas dos. En 1992 entró en Kingsoft como desarrollador de software adjunto y en tres años ya ocupaba un sillón de la mesa presidencial. Al sexto año coordinó la salida a bolsa de la que es hoy una de las principales empresas de software del país. Experiencia que le sirvió para modelar MIUI, por supuesto.

Lei Jun no concibe una meta como lugar donde detenerse y descansar, sino como un objetivo a tachar de la lista. Su incursión en la industria del motor se gesta mientras se culmina el 'Plan de incentivos para jóvenes ingenieros', otorgado ya a 3904 ingenieros de los 5.000 que pretende contratar antes de finalizar 2021.

Un plan que se remonta al año pasado y que ha sido vitaminado con otro programa de incentivos de 10 años para 122 expertos. Xiaomi parece obsesionada con fichar a las mejores mentes de toda una generación.

Una serie de conquistas al fin, que no se conforman precisamente con un segundo puesto y que miran de frente a ser el número 1 del planeta. Veremos si lo acaban consiguiendo.

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